Morelia tiene esa calidad de las ciudades que saben perfectamente quiénes son. No busca imitar a Guanajuato ni competir con Oaxaca; tiene su propia identidad construida sobre cantera rosa, chocolate artesanal, una tradición cinematográfica que atrae a directores de todo el mundo y una gastronomía michoacana que la UNESCO reconoció como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Llegar a Morelia
Desde CDMX, ETN y Primera Plus salen de la terminal de Poniente varias veces al día. El trayecto dura entre 4 y 5 horas; boletos entre $380 y $550 pesos. El Aeropuerto Internacional Francisco J. Múgica (MLM) tiene conexiones con varias ciudades mexicanas. Un taxi del aeropuerto al centro histórico cuesta unos $200 pesos; el Uber ronda los $120.
El centro histórico es compacto y caminable. Para visitar las Mariposas Monarca en los santuarios de Angangueo o El Rosario (entre noviembre y marzo), necesitas transporte, ya sea autobús desde la Central de Autobuses o una excursión organizada desde el centro ($600 a $900 pesos todo incluido).
La Catedral y el Centro
La Catedral de Morelia es la protagonista indiscutible del skyline local. Sus dos torres de 70 metros, construidas entre 1660 y 1744 en cantera rosa, son visibles desde casi cualquier punto del centro. El interior guarda uno de los órganos más grandes de América Latina, con más de 4,500 tubos, y los viernes por la noche hay conciertos gratuitos de música de cámara en la nave principal.
El Acueducto de Morelia, con sus 253 arcos y más de un kilómetro y medio de extensión, fue construido a finales del siglo XVIII para llevar agua a la ciudad. De noche se ilumina en colores cambiantes y la avenida que corre paralela —Avenida Acueducto— está llena de restaurantes y bares con vista directa. Una cena con vista al acueducto puede costar entre $300 y $600 pesos por persona.
Gastronomía michoacana
El Mercado de Dulces y Artesanías, pegado al convento de San Francisco, es el lugar para probar y comprar los dulces más famosos de México: ate de membrillo, ate de guayaba, frutas cristalizadas, rompope, obleas con cajeta y chongos zamoranos. Los precios son muy razonables: $60 a $150 pesos por cajas de medio kilo.
Para una comida de verdad, el Mercado de San Juan tiene el carnitas michoacanas más auténticas de la ciudad. El método michoacano de cocinar el cerdo en manteca de cobre produce una textura incomparable. Un kilogramo de surtido cuesta alrededor de $200 pesos y alcanza para cuatro personas generosas. Lleva tortillas de una tortillería vecina (cuestan $20 el cuarto kilo) y cómelo ahí mismo.
La uchepos (tamales de elote tierno), las corundas con crema y queso, y el pollo placero son otros imperdibles. El restaurante La Cabaña de la Loma, en el barrio de Chapultepec, es un referente de cocina michoacana sin pretensiones turísticas, con precios de $100 a $200 pesos por platillo.
Festival Internacional de Cine de Morelia
Cada octubre, el FICM transforma la ciudad en una fiesta cinematográfica de talla mundial. Proyecciones en espacios abiertos del centro histórico, retrospectivas de directores consagrados y sección competitiva para cine latinoamericano. Muchas funciones son gratuitas o cuestan $60 pesos. Es el mejor momento para visitar la ciudad si te interesa el cine.
Mariposas Monarca
Entre noviembre y marzo, los santuarios de la Reserva de la Biósfera Mariposa Monarca en el municipio de Angangueo son uno de los fenómenos naturales más impresionantes del planeta. Millones de mariposas cubren literalmente los árboles, creando un sonido único de alas que se escucha desde lejos. La entrada a los santuarios cuesta $80 pesos; el transporte desde Morelia en autobús cuesta $180 pesos ida y vuelta.
Cuándo ir y dónde hospedarse
Morelia es agradable todo el año. Las temporadas más visitadas son Semana Santa, el Festival de Cine en octubre y la temporada de Monarcas entre noviembre y marzo. Hoteles boutique en el centro rondan $1,200 a $2,500 pesos. Hostales a partir de $300 pesos por cama en dormitorio.
Morelia merece al menos tres días, pero si solo tienes uno, prioriza la catedral, el mercado de dulces, las carnitas del mercado San Juan y un paseo nocturno por el acueducto iluminado. Es suficiente para enamorarse.
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