La primera vez que alguien me preguntó si había ido a Uxmal respondí que no sabía mucho del lugar. Eso fue hace tres años, antes de que un guía en Mérida me mirara con algo parecido a la lástima y dijera: “Si no vas a Uxmal, no has visto el mundo maya de verdad.” Lo tomé como exageración. Estaba equivocado.
La Ruta Puuc es un circuito de zonas arqueológicas mayas al sur de Mérida, a lo largo de la carretera 261 y sus ramales, en las suaves colinas que los mayas llamaban “puuc”, precisamente eso: colinas, serranía baja. A diferencia del estilo arquitectónico del norte de Yucatán —más austero, más plano—, las construcciones Puuc se distinguen por sus fachadas superiores densamente decoradas con mosaicos de piedra, máscaras de Chaac el dios de la lluvia, grecas geométricas y frisos que parecen encajes labrados en piedra caliza. Es un estilo diferente, más ornamentado, más expresivo, y cuando lo ves en persona entiendes por qué los arqueólogos llevan décadas fascinados con esta zona.
Uxmal: la joya que debería estar en todos los itinerarios
A 80 kilómetros al sur de Mérida por la carretera 261, Uxmal es el sitio principal de la ruta y, en mi opinión, el más impresionante del mundo maya después de Palenque. No lo digo por comparar sino porque Uxmal tiene algo que Chichén Itzá ha perdido: silencio.
Llegué un martes por la mañana, a las nueve, cuando el sol todavía no aplastaba. Compré mi entrada en la taquilla: 85 pesos. Sí, leíste bien, ochenta y cinco pesos para entrar a uno de los sitios arqueológicos mejor conservados de México. El INAH tiene precios que a veces me parecen ridículamente bajos para lo que ofreces, y Uxmal es el mejor ejemplo.
Lo primero que ves al entrar es la Pirámide del Adivino, y el impacto es inmediato. No porque sea la más alta —son 35 metros, imponente pero no la más grande del mundo maya— sino porque es la única pirámide de base ovalada en todo el universo maya conocido. Todas las demás pirámides mesoamericanas tienen base rectangular o cuadrada. Esta no. Tiene esquinas redondeadas, una forma orgánica que parece casi imposible para la época, y la fachada de su costado poniente está decorada con una máscara gigante de Chaac que enmarca la puerta: la boca del dios es la entrada al templo. Subir está prohibido desde hace años para preservarla, pero no importa: verla desde abajo ya es suficiente.
Detrás de la pirámide está el Cuadrángulo de las Monjas, un conjunto de cuatro edificios que rodean una plaza central. Los frailes españoles lo llamaron así porque les recordó un convento, aunque nada tenía que ver con monjas. Cada fachada superior es diferente: serpientes emplumadas, cabañas de palapa en bajorrelieve, miles de máscaras de Chaac apiladas en esquinas que parecen amenazar con derrumbarse pero llevan siglos en pie. Pasé casi una hora solo en ese cuadrángulo. Un grupo de turistas japoneses pasó, tomó fotos y siguió. Yo me quedé, senté en las escalinatas y traté de leer los frisos como si pudiera entenderlos.
El Palacio del Gobernador, a unos minutos caminando, es la estructura más grande de Uxmal: 98 metros de longitud, decorada de un extremo al otro con un mosaico de más de 20,000 piezas de piedra ensambladas sin mortero. Los arqueólogos dicen que es uno de los edificios más logrados de la arquitectura mesoamericana. No tienen razón en llamarlo palacio —no está claro que fuera residencia de nadie— pero sí tienen razón en llamarlo extraordinario.
Ese día en Uxmal crucé tal vez con 40 personas en total. Un sábado en Chichén Itzá hay cinco mil.
Los otros sitios de la ruta: no los ignores
A 23 kilómetros de Uxmal, siguiendo la 261 hacia el sur, está Kabah. Entrada: 65 pesos. El sitio tiene una estructura que justifica el desvío por sí sola: el Codz Pop, conocido como el Palacio de las Máscaras. Su fachada completa —de esquina a esquina— está cubierta por narices de Chaac repetidas en hileras perfectas. Son más de 250 máscaras del dios de la lluvia apiladas una sobre otra hasta formar una textura tridimensional que parece latir. Es perturbador y fascinante al mismo tiempo. A la entrada de Kabah, al cruzar la carretera, está el arco maya más grande que existe: un arco de bóveda falsa de casi seis metros de alto que marcaba el inicio del sacbé —camino blanco— que conectaba Kabah con Uxmal.
Otros tres kilómetros al sur, un desvío lleva a Sayil. Entrada: 55 pesos. El Gran Palacio de Sayil tiene tres pisos con columnatas en cada nivel, y la vista desde la parte superior —si logras subir, hay escaleras accesibles— muestra la selva baja hasta el horizonte sin un edificio moderno a la vista. Sayil es el sitio más tranquilo de la ruta; cuando estuve, estaba literalmente solo.
Labná está a otros seis kilómetros. Entrada: 55 pesos. Tiene el arco más elegante de la Ruta Puuc: una estructura de piedra con crestería arriba y paneles decorados a los lados que los fotógrafos de arquitectura usan constantemente. También hay un mirador restaurado desde donde se ven los conjuntos principales.
Xlapak es el más pequeño y menos visitado: 50 pesos, un solo edificio principal pero con decoración Puuc muy bien conservada. Si el tiempo te lo permite, vale el desvío de diez minutos.
Cómo organizar el recorrido
Lo ideal es tener carro propio. Rentar en Mérida cuesta entre 500 y 800 pesos por día para un compacto, y la carretera 261 es un camino de dos carriles en buen estado, con señalización clara. El recorrido completo —Mérida ida y vuelta incluyendo todos los sitios— son unos 200 kilómetros. Puedes hacerlo perfectamente en un día si sales temprano: a las 7:30 de Mérida, en Uxmal a las 9:00, dos horas allí, luego Kabah, Sayil, Labná y Xlapak por la tarde, regresando antes de que oscurezca.
Si no tienes carro, hay combis colectivas desde la Central de Autobuses de Mérida hasta Uxmal por alrededor de 60 pesos, pero no cubren los sitios menores. Para esos necesitas taxi, que en la zona cobra 200-300 pesos por recorrido entre sitios, o hitchhike —que funciona sorprendentemente bien en esta carretera con los pocos autos que pasan.
Hay tours organizados desde Mérida que incluyen transporte y guía por 600-900 pesos. No son malos, pero te encasillan en horario.
El light show nocturno: honestidad ante todo
Uxmal tiene un espectáculo de luz y sonido nocturno que cuesta 800 pesos. La zona arqueológica se ilumina con proyecciones y suena una narración sobre la historia maya. Fui porque me lo recomendaron. Mi veredicto honesto: es mediocre. Las proyecciones son básicas, el texto de la narración es turístico y superficial, y la experiencia de estar entre las ruinas de noche pierde mucho cuando hay altavoces repartidos por el sitio emitiendo música de fondo. Si tienes el presupuesto y la curiosidad, adelante. Pero no te sientas obligado.
El calor: prepárate en serio
La Ruta Puuc no tiene sombra significativa. Las zonas arqueológicas son explanadas abiertas, y el sol de Yucatán en esta latitud es feroz todo el año, no solo en verano. Fui en marzo y a mediodía el calor era de 36 grados con sensación térmica de 42. Mi recomendación no es sugerencia sino instrucción: lleva mínimo dos litros de agua por persona, sombrero de ala ancha o gorra, bloqueador solar de factor 50 o más, y ropa ligera de colores claros. Los vendedores dentro de los sitios tienen agua pero a precios de aeropuerto.
Entra temprano. Las 8 o 9 de la mañana son otro mundo comparado con el mediodía.
Combinar con la Ruta de los Conventos
Si te quedas un día más en la zona, la Ruta de los Conventos es perfecta como complemento. Pasa por Maní, un pueblo donde en 1562 el fraile Diego de Landa quemó decenas de códices mayas —uno de los actos de destrucción cultural más lamentables de la Conquista—, y donde hoy el convento franciscano del siglo XVI convive pacíficamente con una cochinita pibil que es de las mejores de Yucatán. Oxkutzcab es el siguiente pueblo, famoso por sus naranjas y su mercado regional. La ruta completa se puede hacer en medio día desde Uxmal de regreso hacia Mérida.
Por qué es mejor que Chichén Itzá
No voy a demonizar Chichén Itzá. Es un sitio extraordinario, el Castillo de Kukulcán es uno de los edificios más perfectos que construyó el ser humano en América, y merece su fama. Pero tiene un problema grave: la masificación. Decenas de miles de turistas al día, vendedores dentro del perímetro arqueológico que no te dejan caminar en paz, grupos de crucero que llegan en avalancha, la pirámide que ya no puedes subir y que se ve de lejos rodeada de selfie sticks.
En la Ruta Puuc tienes las mismas pirámides, el mismo estilo arquitectónico de élite maya, la misma cantidad de misterio y belleza, y los mismos siglos de historia. Pero tienes silencio. Tienes tiempo para mirar. Tienes la posibilidad de estar parado frente al Palacio del Gobernador sin que nadie te empuje ni te grite ofertas de tours.
Eso tiene un valor que no aparece en ninguna guía oficial, pero que cualquiera que haya viajado de verdad entiende perfectamente.
La Ruta Puuc no compite con Chichén Itzá. No necesita hacerlo. Existe en su propia liga, tranquila, impresionante y esperando a quien tenga la paciencia de buscarla.
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